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Lo que La Paz le ha enseñado a la ciencia desde la UMSA
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La Paz, 15 de julio de 2026 (DCOM-UMSA).- ¿Qué puede enseñarle una ciudad a la ciencia? Mucho, cuando esa ciudad está construida a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, abraza montañas, convive con laderas que desafían a la ingeniería y reúne, en pocos kilómetros, una diversidad natural y cultural difícil de encontrar en otro lugar del planeta. Así es La Paz.

Durante décadas, La Paz no solo inspiró a generaciones de investigadores, también les planteó preguntas que hoy ayudan a comprender mejor el cuerpo humano, la atmósfera, la naturaleza y la vida en sociedad. En el mes de su efeméride, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) rinde homenaje a una ciudad que, sin proponérselo, ha sido una gran maestra para la ciencia.

La primera lección nació de la altura. Aquello que para un visitante suele traducirse en falta de aire, para miles de paceños es parte de la vida cotidiana. Esa realidad convirtió a La Paz en uno de los escenarios más importantes para estudiar cómo responde el organismo humano a la escasez de oxígeno. 

Desde el Instituto Boliviano de Biología de Altura (IBBA), investigadores de la UMSA dedicaron décadas a comprender la adaptación del cuerpo humano a estas condiciones, aportando conocimientos sobre el funcionamiento del corazón, los pulmones, el embarazo y otras áreas de la medicina que hoy tienen valor para la comunidad científica internacional.

La altura también enseñó cómo producir alimentos en condiciones extremas. La Facultad de Agronomía respaldó científicamente el cultivo de 66 especies adaptadas a ciudades de altura. Más de 40 investigaciones y el trabajo de más de 60 estudiantes tesistas permitieron documentar qué cultivos pueden desarrollarse a casi 3.900 metros sobre el nivel del mar.

La Paz también enseñó a mirar el cielo. A pocos kilómetros de la ciudad, la estación científica de Chacaltaya, de la Carrera de Física, se convirtió en un referente para el estudio de la atmósfera. Desde allí, investigadores de la UMSA monitorean aerosoles, carbono negro, gases y otros componentes del aire que permiten comprender mejor los efectos de la contaminación y del cambio climático. 

Cimientos en una geografía compleja

Otra lección surgió de aprender a convivir con la montaña. Las laderas, quebradas y ríos que forman parte del paisaje paceño también impulsaron investigaciones sobre geología, estabilidad de suelos, deslizamientos y gestión del riesgo desde la Facultad de Ciencias Geológicas. Comprender cómo se comporta una ciudad asentada sobre una geografía tan compleja permitió desarrollar conocimientos que contribuyen a prevenir desastres.

Pero La Paz no solo enseña a través de su geografía, también lo hace desde su extraordinaria diversidad. En un mismo territorio conviven distintos pisos ecológicos, especies de flora y fauna, expresiones culturales y formas de vida que han despertado el interés de biólogos, antropólogos, historiadores y sociólogos. 

Incluso aquello que parece cotidiano terminó inspirando investigaciones. La tradicional marraqueta paceña, los mercados populares, la comida callejera, las fiestas, el patrimonio, la arquitectura y las formas de habitar una ciudad entre montañas también se convirtieron en objeto de estudio para las carreras de Ciencias Químicas y Sociología. 

“La Paz ha sido el escenario donde generaciones de investigadores aprendieron a hacer ciencia observando su geografía, su biodiversidad, su cultura y a su gente. Ese vínculo entre el departamento, la ciudad y la UMSA nos llena de orgullo y también de responsabilidad para seguir generando conocimiento al servicio del país”, afirmó la rectora María Eugenia García, Ph.D.

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